(1900-1950) Crónicas de "la leche que mamaron".
"La Inspección vigilará periódicamente los niños sometidos a la lactancia mercenaria, bien procedentes de las Inclusas o entregados por los padres".
Heraldo Alavés 7735 - 1919 diciembre 13
La Libertad nº 9078 - 1918-05-22
La Libertad nº 8371 / 1916-02-9
Heraldo Alavés nº 8003 - 1920-10-30
La Libertad : 9336 - 1919 -05-7
…. El primer domicilio[1]
al casarnos fue la casa de mi hermano Félix, pequeñita, planta baja y una
altura. La planta baja como quedó de obra. En esta había una escalera a un
costado de la casa para dar acceso a la primera planta. Como la madre le prestó
dinero a Félix, pensaron que la planta baja quedase reservada para mí y así
fue. Se hizo la obra con un albañil de Matauco y yo le ayudé[2].
Preparamos una habitación de unos doce metros, una segunda de ocho metros y la
cocina, pequeñita, un baño de dos metros, lo justo para ocuparlo con una taza y
un cubo para tener agua para los menesteres. No teníamos agua, nos surtíamos
con la del pozo de la huerta. La sacábamos con el cubo y una cuerda. La cocina
llevaba por nombre “cocina económica”. Se cargaba por las arandelas, apartando
el puchero, con leña. Una mesita y dos banquetas. Un basal[3] blanquito,
calendarios y aparato de radio, que me lo regaló mi madre, que le tocó en un
sorteo, creo fue de la Caja de Ahorros y ya no me queda citar más que el
rosario[4], que se colgaba
junto al calendario.[5] La fregadera hacía
también de lavabo y teníamos un acetre[6]
para remojar la cabeza.
Esta casa disponía de un terreno de la casa al
camino que iba a Mendiola, de unos cuarenta metros. Lo teníamos bien arreglado
con rosales[7]
y flores. Nos sentíamos felices, pues otros muchos tenían menos. Se
realquilaban con una habitación y cocina compartida.[8]
Solían quejarse de que había que cuidar el puchero para que la vecina no
cambiase la tajada de puchero. Aquí nació Marisol muy bien.[9]
Mamá fue atendida por una matrona oficial, no aficionada, que en aquellos
tiempos eran muchas las que lo hacían. El parto fue bueno y recuerdo muy bien
lo que Gloria me dijo: “Luis, lo he pasado mal”. Yo le dije con sinceridad: “Lo
has pasado mal pero ya tenemos la niña y no vas a pasar otra vez por este
trance”. Esto me causa risa, ¡qué fotografía de cara-tonto pondría! Podéis
imaginaros cómo nos sentíamos nosotros, jóvenes y con una hermosa niña. Esta
felicidad no duró mucho. Al filo de los seis meses la sentimos malita y la
pobre se agravó tanto que a media tarde, no sé si al día siguiente o ya había
pasado algún día, llegó la practicante para ponerle una inyección que había
mandado el médico. Era avanzada la tarde y esto nos dijo: “Si vosotros queréis le
aplico la inyección, pero debo deciros que esta niña está muerta”.[10]
Fue verdad, pero nosotros, inexpertos, no podíamos creerlo porque teníamos la
imagen de que se murió riendo.[11]
(Cortesía de Ignacio Hilera)
He pretendido sacar consecuencias del caso y me
atrevería a pronosticar las causas del suceso.[12]
Gloria la amamantaba, pero a esa edad seguramente le ayudaba con leche que
servían del pueblo, leche sin control y en malas condiciones de limpieza, estoy
seguro que no ofrecía la menor garantía.[13]
Luis Mari se salvó por lo que nos ocurrió con la niña y la edad y los síntomas
fueron idénticos. Por parte de los médicos en ningún caso dijeron qué les pudo
pasar. Pasado Luis Mari creo que a los demás no les ayudaba con la leche que
servían.[14]
Más tarde yo ya sabía lo que era bueno para los niños y de Bantu[15] traía a casa sémola de tapioca[16] para papillas. Yo conocía este producto y era muy bueno. Se hacía con fécula[17] de patata o maíz.[18] Yo intervenía en su proceso, una vez amasada la fécula con agua, se colocaba en planchas, la masa con un grueso de dos centímetros, y se introducía en el horno para que se cociese. Luego se pasaba por el molino y de este se seleccionaba en tamices de distintos tipos: uno era perlitas (tamaño lentejas)[19] otro tamaño mijo[20] y por último sémola.[21] Como la sémola no se envasaba quedaba medio perdida y es lo que yo llevaba a casa.[22]
[1] En la calle Heraclio Fournier nº19Bis, por entonces en el “barrio de San Cristóbal” en una parcela que por el Éste limitaba con el campo de “Infante” (quizás un terreno adquirido en 1942 por el vitoriano Sabino Ruiz Infante), y por el Oeste con la parcela donde más tarde se ubicó la fábrica de plásticos “Navaplex S.A.” constituida en 1957-06-06 y cuyo pabellón diseñó el arquitecto Miguel Apraiz Barreiro (Gasteiz 1912-1998) quien entre los años 1946 y 1968 dirigió la segunda fase de ejecución y finalización de la catedral nueva.
[2]
Aita aprovechó para aprender de este
maestro albañil el oficio y "heredó" herramienta de la brigada alemana que había intervenido
para montar “Bantu”, entre otras, una "plomada" de acero muy
apreciada por él.
[3]
Banquillo, escaño, banco.
[4]
En casa se colgaba del calendario de "El Promotor" que pendía de una escarpia en la cocina. La práctica de recitar oraciones
valiéndose de una sarta de nudos o cuentas se remonta a los sacerdotes hindúes
de antes del año 500 a.C. y apareció en la Europa del siglo XV.
[6] En Araba se utiliza "acetre" con el significado de "aguamanil". En realidad era una taza de estaño con asa para introducir en el calderín de la cocina económica y sacar agua caliente. También utilizábamos "tanque" como sinónimo. Tanque [Amurrio]: jarrito para sacar agua de vasijas ó recipientes menores. En otras localidades acetre.
[7] Luis desraizaba rosales silvestres conocidos como “tapaculos” (escaramujo, rosa canina) y en sus tallos injertaba el tipo de rosas que le interesaban en el jardín.
[8] La situación se encontraba relacionada con la precariedad y condiciones insalubres de las viviendas. Espacios mal ventilados, a las que se suman la convivencia, a menudo, de varias familias, que compartían este espacio, careciendo de cualquier servicio higiénico de agua corriente o retrete.
[9] La primera, niña, Marisol nació en casa de Félix y Petra el 25 de agosto del año 1950. Antiguamente, solían usarse en lápidas que honraban a los niños. E.G.E. (En gloria esté) y Q.D.L.G. (Que Dios le guarde) resultaban más suaves para referirse al fallecimiento de un infante.
[10]
Por carencias nutritivas aparecieron una
serie de enfermedades relacionadas, y los ancianos y los niños tuvieron una
alarmante índice de defunciones. Realmente hasta 1953 la cartilla de racionamiento fue la
salvación de muchos para no morir de hambre. En el mercado negro era habitual
vender ("de matute") la
leche aguada, cuando no adulterada.
[11]
En el recordatorio fúnebre del 20 de Febrero figura: ".....subió al Cielo ayer a las diez de la noche a los cinco meses de edad E.G.E. Sus apenados…….etc. Casa mortuoria Heraclio Fournier, 19Bis, bajo". Según aita "fue lo más duro que nos ofreció la vida al llevársela el 19 de
febrero de 1951.”
[12]
La tasa de mortalidad infantil en las
capitales era del 54 por mil en el año 1950.
[13]
Los esfuerzos de los organismos sanitarios se concentraron en introducir
medidas para prevenir infecciones y epidemias. Como una de las principales
causas de mortalidad infantil eran las enfermedades intestinales, la batalla se
libra principalmente a favor de «la buena
leche». Aparte de subrayar sin cesar la importancia de la lactancia
materna, la preocupación inmediata se concentra en la esterilización y
pasteurización de la leche utilizada en la lactancia artificial. Sin embargo, a
pesar de la mayor disponibilidad de leche apta para el consumo del lactante, la
mortalidad infantil siguió siendo elevada.
[14]
Supongo que hace referencia a la leche que incluían en el racionamiento para
embarazadas y recién nacidas. Recuerdo que unos años después se compraba a un
lechero que venía de Mendiola repartiéndola con
dos candajas a los lomos de
una yegua.
[15]
Estaba ubicada en la antigua fábrica de papeles pintados de Ramón Grandes
Arizmendi, titulada "La
cortijana" y trasladada a Barcelona antes del 1932. Creada en 1943 entre
otros por Luis Alfaro Fournier y varios allegados, “brigadistas alemanes” dirigieron su reconversión utilizando “mano esclava”.
Por entonces las fábricas de pastas para sopa estaban al alza, y en Araba existían otras marcas como “El Pilar” o “El Pelícano Rojo”, pero Bantu, bien relacionada con el “nuevo régimen”, creció rápidamente en el mercado y en pocos años ya vendía en casi todas las provincias españolas.
En el año 1948, tras enterarse el dueño de “Fournier” que Luis era “molinero", hizo que lo destinaran a la fábrica de “Productos Alimenticios Bantu"
siendo reconocido como "oficial" desde su ingreso en el almacén. El salario mínimo base anual para un "almacenero" en 1948 estaba en 590 pts., y para un "oficial de 2ª" en 730 pts. (14 octubre 1948 B. O. del E. - nº 288).
[16]
También conocida como mandioca, yuca o
casabe de yuca, la tapioca es un almidón que se extrae directamente de la
raíz de la yuca, tubérculo originario de Brasil cuyo cultivo se expandió por
otras zonas tropicales de Sudamérica, Asia y África.
[17]
Las féculas son hidratos de carbono que se encuentran presentes en las
semillas, tubérculos y raíces de muchas plantas; es decir, es un almidón
compuesto de carbono, hidrógeno y oxígeno.
[18]
Principalmente la tapioca se utiliza para espesar caldos y salsas. Su
estructura molecular consigue aportar cierta gelificación cuando se activa mediante el calor dentro de un medio
líquido. También se puede añadir a masas para aportar elasticidad, algo que
viene muy bien para preparaciones con harinas sin gluten como las de arroz o
maíz.
[19]
Estas perlas se elaboran con almidón de tapioca, agua y azúcar. Se hierve la mezcla
hasta conseguir una pasta consistente que poder manipular para dar forma de
esfera. Las perlas de tapioca se pueden encontrar en diferentes tamaños y
colores.
[20]
El “mijo perla” -Pennisetum glaucum-
es una especie botánica de gramínea del más ampliamente cultivado tipo de mijo.
Aunque este cereal se utiliza muy poco para el consumo humano de occidente, en
continentes como Asia y Africa constituye una fuente importante de
alimentación.
[21]
Podemos encontrar sémolas finas, medias o gruesas dependiendo del grado de
molienda, y de estas medidas dependerá su uso posterior: las más finas se
suelen utilizar para la producción de pastas.
[22]
En estos años hay que tener en cuenta las limitaciones que tenían para el abastecimiento
de harinas. Según aita algunas veces se abastecían “de estraperlo”, con pequeños camiones que de noche seguían “rutas seguras”.









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Muy interesante, parece que el término de "aña" sólo se aplica en el Pais Vasco
ResponderEliminarRecuerdo que me sacaron en brazos la noche que se incendió Navaplex, lo que no sabía es que contaba cuatro añitos entonces
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